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UNA CASA PUEDE TENER UN GRAN VALOR PARA UNA FAMILIA Y OTRO MUY DISTINTO PARA EL MERCADO

Introducción:

Durante más de treinta años, una familia puede hacer muchísimas cosas en una misma casa.

Ahí pueden crecer los hijos, celebrarse cumpleaños, recibirse visitas cada domingo y pasar las fiestas de fin de año. Quizá la cocina la remodelaron los padres, el jardín lo hizo el abuelo y cada habitación tiene alguna historia que los demás recuerdan perfectamente.

Después de tantos años, alguien pregunta:

—¿Cuánto creen que vale la casa?

Y la conversación puede complicarse.

Porque para la familia, esa casa representa mucho más que cuatro paredes, un terreno y una ubicación.

El mercado, en cambio, la mira de otra manera.

El valor sentimental es real, aunque no aparezca en un avalúo

Cuando una propiedad ha formado parte de la vida de una familia durante décadas, es completamente normal que exista un vínculo emocional con ella.

Ese vínculo puede hacer que una persona esté dispuesta a pagar más por conservarla, o que le resulte difícil imaginarla en manos de alguien más.

También puede ocurrir lo contrario: una familia puede tener muy buenos recuerdos de una casa y, aun así, decidir que ha llegado el momento de venderla.

El valor sentimental influye en nuestras decisiones, pero no funciona como una medida objetiva del valor comercial del inmueble.

El mercado tiene otra forma de mirar una propiedad

Para estimar el valor comercial de una casa se analizan características que pueden compararse y estudiarse.

La ubicación.

La superficie del terreno y de la construcción.

Las características y condiciones físicas del inmueble.

Las mejoras realizadas.

El entorno.

Las propiedades comparables.

Y las condiciones del mercado en un momento determinado.

En un avalúo comercial se busca establecer una estimación técnica del valor del inmueble considerando información relevante del mercado y las características particulares de la propiedad. El Instituto Registral y Catastral del Estado de Puebla contempla este tipo de avalúo dentro de sus servicios y señala que el procedimiento incluye la inspección del predio. (ircep.gob.mx)

Por eso, que una casa haya pertenecido a una familia durante tres generaciones no significa, por sí mismo, que su valor comercial sea mayor.

Tampoco significa que los recuerdos no importen

Aquí suele aparecer una confusión.

Decir que los recuerdos no determinan el precio de mercado no significa que carezcan de importancia.

Para una familia, esos recuerdos pueden ser precisamente la razón para conservar la propiedad.

También pueden ser la razón por la que una venta resulte difícil.

Cuando una casa pasa de una generación a otra, la decisión rara vez es solamente económica. Hay que considerar lo que representa para quienes la han habitado y, al mismo tiempo, las circunstancias actuales de la familia.

A veces todos quieren conservarla.

A veces solo una persona quiere hacerlo.

Y en otras ocasiones nadie puede o quiere hacerse cargo de ella.

¿Y qué ocurre cuando llega el momento de vender?

Imaginemos que tres hermanos heredan la casa donde crecieron.

Uno piensa que podrían conservarla y rentarla.

Otro cree que sería mejor venderla y repartir el dinero.

El tercero vive lejos y no quiere seguir ocupándose de una propiedad que apenas utiliza.

Todos tienen una relación distinta con la misma casa.

Si además uno de ellos piensa que la propiedad vale mucho más por todo lo que representa para la familia, la conversación puede complicarse todavía más.

Aquí conviene separar dos decisiones:

¿Qué valor tiene esta casa para nosotros?

Y:

¿Qué valor puede tener actualmente en el mercado?

Las dos preguntas son válidas, pero buscan respuestas diferentes.

El precio que queremos y el precio que el mercado puede aceptar

Cuando una familia decide vender, es natural partir de una cantidad que considera justa.

Puede basarse en lo que pagaron originalmente, en lo que han invertido en remodelaciones, en lo que vale una propiedad cercana o simplemente en lo que creen que la casa merece.

Todos esos datos pueden formar parte de la conversación.

Pero el mercado responde a otros factores.

Si el precio está muy por encima de propiedades comparables con características similares, puede resultar más difícil encontrar compradores. Si se fija demasiado bajo sin analizar las condiciones del inmueble y del mercado, la familia podría estar renunciando a una cantidad que razonablemente podía obtener.

Por eso, antes de publicar una propiedad, conviene tener una referencia objetiva y entender cómo se llegó a ella.

Una remodelación tampoco se traduce automáticamente en el mismo aumento de valor

Este es otro punto que suele generar expectativas.

Una familia puede haber invertido una cantidad importante en renovar una cocina, construir una habitación o mejorar los acabados.

La inversión tuvo un valor para quienes viven en la casa: mejoró su calidad de vida y adaptó el espacio a sus necesidades.

Pero el mercado no necesariamente incrementará el valor de la propiedad en la misma cantidad.

El efecto de una mejora depende de qué se hizo, cómo se hizo, la calidad de los materiales, las características del inmueble y lo que los compradores están buscando en esa zona.

Por eso es conveniente distinguir entre lo que una mejora costó y lo que aporta al valor comercial de la propiedad.

A veces vender también implica despedirse

Hay propiedades cuya venta se decide con relativa facilidad.

Y hay otras en las que la parte más difícil no está en encontrar un comprador, sino en que la familia llegue a la decisión de vender.

Eso puede ocurrir especialmente cuando se trata de una casa heredada o de un inmueble que ha pertenecido a la familia durante muchos años.

En esos casos, tener información clara sobre la propiedad puede ayudar a separar las decisiones emocionales de las económicas.

Primero conocer la situación.

Después valorar las opciones.

Y finalmente decidir qué tiene más sentido para las personas involucradas.

Una casa puede valer mucho y seguir siendo difícil de vender

Una propiedad puede tener una historia familiar extraordinaria y, al mismo tiempo, enfrentar condiciones de mercado que hagan más complicada su venta.

También puede ocurrir lo contrario: una casa que no tiene ningún significado especial para sus propietarios puede encontrarse en una ubicación y unas condiciones que la hagan muy atractiva para los compradores.

El mercado no conoce las historias que ocurrieron dentro de una casa.

Conoce su ubicación, sus características, su estado, sus documentos y las condiciones en las que se ofrece.

La familia conoce todo lo demás.

Cuando ambas perspectivas se ponen sobre la mesa

Vender una casa familiar no significa tener que olvidar lo que representa.

Significa reconocer que existen dos conversaciones diferentes.

Una habla de recuerdos, necesidades y decisiones familiares.

La otra habla de valor, mercado y condiciones de venta.

Entender ambas permite tomar una decisión más completa.

Y si la familia decide vender, contar con una valoración razonable y con la documentación revisada permite comenzar el proceso con expectativas más claras.

Algunas propiedades se quedan en la memoria mucho después de que dejamos de vivir en ellas

Quizá por eso vender una casa familiar puede sentirse tan diferente a vender cualquier otro inmueble.

Hay fotografías, reuniones, cumpleaños y personas que ya no están.

Todo eso forma parte de la historia de la propiedad, aunque no aparezca en un avalúo.

En Nidalia creemos que ambas partes merecen su espacio: entender lo que una propiedad significa para una familia y, al mismo tiempo, conocer con claridad cuál es su situación y cómo puede comportarse en el mercado.

Si estás pensando en vender una casa familiar en Puebla y quieres conocer primero sus condiciones y opciones, podemos acompañarte en el proceso.

De nuestro blog

Nos esforzamos por brindarte una mayor comprensión de los procesos legales relacionados con los bienes inmuebles.

¿Cuánto vale una propiedad? La respuesta depende de mucho más que sus metros cuadrados. La ubicación, las características y el estado físico del inmueble, su documentación, situación jurídica y las condiciones del mercado son algunos de los elementos que conviene analizar antes de definir un precio.

Cuando una propiedad pertenece a varias personas, las decisiones pueden volverse más complejas con el paso del tiempo. Hermanos que heredaron una casa, matrimonios o familias que comparten un inmueble pueden encontrarse con distintas necesidades cuando llega el momento de vender, conservar o tomar decisiones sobre la propiedad. Conocer la situación jurídica y los documentos del inmueble permite entender mejor las opciones disponibles.

Tener una propiedad durante muchos años no siempre significa conocer completamente su situación. Revisar quién aparece como propietario, qué documentos existen, qué antecedentes tiene el inmueble y si la información corresponde con su realidad actual permite tomar decisiones con mayor claridad. En este artículo hablamos de por qué conocer la situación jurídica y documental de una propiedad también forma parte de cuidar el patrimonio.

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